Castillo de Poza de la Sal: Historia

Todos los castillos destacan por algo en particular, algunos por su aspecto, otros por su historia, como es el caso del Castillo de los Rojas. También conocido como Castillo de Poza de la Sal por la comunidad de la cual toma su nombre. Se trata de un baluarte burgalés erigido durante el siglo IX y reconstituido en el siglo XIV por la familia Rojas.

Desde sus inicios sirvió como enclave estratégico para vigilar el paso por el territorio. Asimismo, sirvió en incontables guerras que marcaron un precedente en el largo trayecto histórico de la villa de Poza. También sirvió como prisión para personas de gran autoridad.

Hoy en día sólo quedan vestigios de lo que alguna vez fue esta imponente fortaleza. No obstante, las ruinas de este castillo son visitables, ¿te atreverías a conocerlas?

Historia del castillo de los Rojas o Poza de la Sal

Las primeras referencias documentadas sobre el Castillo de los Rojas corresponden al momento en que Fernán González repobló la villa de Poza, en 965. Posteriormente, en el siglo XI, este fue centro de un alfoz que formaba parte del antiguo reino Navarro.

En este mismo período inicial la fortaleza fue adjudicada a las arras concedidas por Alfonso VIII de Castilla a su esposa. Para entonces, el monarca en 1117 nombró al teniente García Rodríguez, cuatro años más tarde fue relevado por Pedro Gutiérrez.

Iniciando el año 1298, Fernando IV de Castilla hizo merced a Juan Rodríguez de Rojas, otorgándo el castillo. Medio siglo más tarde Alfonzo XI confirma la donación realizada con anterioridad; es así como el castillo termina bajo el mando de los Rojas.

Tras la muerte de su padre, el hijo de Juan hereda las propiedades. Luego en la línea de sucesión continuó su hijo mayor, Rui, quien repartió los bienes de la familia con Sancho. Tiempo después, al no dejar herederos, el castillo pasó a manos de su hija, quien contrajo nupcias con el mariscal Diego Fernández de Córdoba.

A finales del siglo XIV, antes de su fallecimiento otorgó el permiso a su esposo para crear el mayorazgo de apellido Rojas. Sin embargo, este se concretó mucho tiempo después, en 1423.

Es también durante el S.XIV cuando la familia Rodríguez de Rojas reemplaza el primer castro del siglo IX con el castillo que podréis ver actualmente. Este nuevo edificio militar reforzó las bases defensivas de la villa de Poza con el propósito de mejorar su protección.

El castillo de los Rojas en años posteriores

En aquel entonces, el Castillo de Poza de la Sal sufrió un período de latencia, siendo prácticamente irrelevante para la población. Este lapso coincide con la unión de Elvira de Rojas con el Señor de Monzón; en consecuencia, se juntan las dos ramas del apellido Rojas.

Fue así como los Rojas lentamente fueron desplazando a otras familias del territorio hasta que Juan II revocó todos los derechos de la familia. En el S.XVI, en 1564, todavía había conflictos por la renta del edificio. Pese a todo, el castillo de los Rojas conservó sus funciones defensivas.

Un poco antes, en 1528, fueron apresados en el castillo los embajadores de Francia, Milán, Florencia, Inglaterra y Venecia, en conjunto con la Liga Clementina. Todo esto ocurrió por órdenes de Carlos I de España, mientras Juan Rodríguez de Rojas se posicionó como noveno señor de la villa de Poza. En este momento por órdenes del mismo monarca también es encerrado en Poza de la Sal Ricardo Cúper.

Durante el siglo XVIII el Castillo de Poza de la Sal se hallaba en un estado desfavorable tras haber prestado servicio a sus señores y a la Corona.

Con la llegada del siglo XIX, sale a relucir la función defensiva del castillo tras el manifiesto de la Guerra de Independencia en España. Fue entonces cuando se dio a conocer la acción de Poza efectuada por las tropas al mando del General Palombini. En conjunto con la guerrilla a manos del teniente general Francisco Longa y el político liberal Juan de Mendizábal.

En este período los franceses asediaron y rehabilitaron el castillo, aprovechando la situación del terreno y la amplia vista que tenía para con el territorio. Al terminar la Guerra de Independencia, la fortaleza continuó en servicio como punto de vigilancia mientras se desarrollaban las Guerras Carlistas.

Estilo del castillo

Aunque sólo quedan escombros de lo que alguna vez fue un majestuoso Castillo de Poza de la Sal, las ruinas de este todavía conservan parte de su carácter. De hecho, por las proporciones de los muros restantes se puede deducir que se trató de una fortaleza que evocaba una sensación de ligereza.

La fortaleza está construida en sentido norte-sur, con una fachada hacia el oeste y los restos del cubo principal en el extremo sur.

A través de los restos también podréis apreciar la perfecta adaptación que tenía la planta del recinto respecto al suelo de la colina. Este diseño es uno de los factores que ayudó a su conservación incluso durante los años de uso entre conflictos bélicos. Por otra parte, debido a su emplazamiento aislado, es casi inaccesible por uno de sus tramos.

Al pie de la colina todavía se vislumbran vestigios de los cubos que defendían la entrada del castillo. También se evidencian restos de lo que constituyó la puerta de acceso al patio de armas.

Situado en un vano ojival doblado se encuentra lo que antiguamente pudo ser las ménsulas de arranque de un matacán. Este permitía el paso al interior de una estancia estrecha cubierta por una bóveda de cañón unida a los muros de piedra. Conjuntamente, existe un tramo de la fortaleza que estaba cubierto por una bóveda de arista.

Al fondo de una escalera tallada en la roca se conducía al piso superior del castillo; una terraza de 36 metros aproximados de longitud.

Otros elementos relevantes del castillo eran el aljibe de gran profundidad y los garitones que se asentaban sobre modillones. Además, de una aspillera con un amplio derrame al interior de esta.

Visitas al castillo de Poza de la sal

Os complacerá saber que esta fortaleza está abierta durante todo el año para los visitantes que deseen revivir su increíble legado. No obstante, no os aconsejamos ir con niños o personas con movilidad reducida, ya que el terreno es bastante irregular y puede resultar peligroso.